7 de octubre de 2011

Me dueles


Mansamente, insoportablemente, me dueles.


Toma mi cabeza. Córtame el cuello.

Nada queda de mí después de este amor.



Entre los escombros de mi alma, búscame,

escúchame.

En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama,
pide tu asombro, tu iluminado silencio.




Atravesando muros, atmósferas, edades,

tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto)
viene desde la muerte, desde antes
del primer día que despertara al mundo.




¡Qué claridad de rostro, qué ternura

de luz ensimismada,
qué dibujo de miel sobre hojas de agua!



Amo tus ojos, amo, amo tus ojos.

Soy como el hijo de tus ojos,
como una gota de tus ojos soy.

Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme,
del suelo, de la sombra que pisas,
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños.

Levántame. Porque he caído de tus manos
y quiero vivir, vivir, vivir. 



El señor Sabines reponiéndome
de los males que aquejan mi mente, me hace tan bien 
leerlo, transportar a la realidad cada palabra
con cada gesto.
Si, los recuerdos me abruman y no me arrepiento 
de permitir que me distraigan.
Es vida sentir, amar, extrañar.

6 de octubre de 2011

Yo

Sólo es cuestión de reconciliarme con los errores que volveré a cometer... 

El mayor tormento que pueda imaginar, son éstos celos, del cielo hasta el suelo.

Miedo a quererte

¡Si tan sólo pudiera besarte como nunca mujer alguna a un hombre besó! Y después, rodear tu cuello con un cordón de seda y apretar bien el nudo, ¡para que nadie pueda poner los labios donde, feliz, los puse yo!!!


Pedro Mata*